De foros digitales a plazas latinoamericanas, jóvenes que se identifican como animales abren debate social tras episodios polémicos.
El fenómeno therian dejó de ser un intercambio marginal en foros digitales para convertirse en una escena visible en plazas y parques de Latinoamérica. Jóvenes, principalmente entre 18 y 30 años, comenzaron a reunirse en ciudades como Buenos Aires, Montevideo e incluso en algunas localidades chilenas, adoptando conductas animales, utilizando máscaras y moviéndose en cuatro extremidades. Lo que empezó como expresión identitaria online hoy genera debate público, preocupación en algunos casos y una intensa discusión en redes sociales.
Según reportes de prensa argentina, el término describe a personas que sienten una identificación profunda con un animal no humano como parte de su identidad. Sin embargo, no existe una definición cerrada ni uniforme dentro de la propia comunidad. Para algunos es una experiencia simbólica; para otros, emocional o espiritual.
Origen digital y expansión del fenómeno therian
Aunque en Sudamérica cobró visibilidad recientemente, el fenómeno therian no nació en la región. Su raíz se remonta a foros digitales de los años noventa, donde personas que compartían una identificación interna con animales comenzaron a intercambiar experiencias y a construir un lenguaje propio.
El concepto proviene de “therianthropy”, palabra de origen griego que combina “bestia” y “ser humano”. A diferencia de relatos mitológicos antiguos sobre transformaciones entre humanos y animales, esta versión contemporánea es hija directa de la era digital.
Con la irrupción de TikTok, Instagram y YouTube, la visibilidad se multiplicó. Videos de adolescentes corriendo en cuatro patas, usando máscaras de lobos, zorros o tigres, comenzaron a alcanzar millones de visualizaciones. Por lo tanto, lo que antes era privado o comunitario en línea pasó a ocupar el espacio público.
En Montevideo, una convocatoria en TikTok logró reunir a jóvenes en la Plaza Independencia, captando atención mediática. En Buenos Aires, encuentros similares se replicaron en parques céntricos. Así, la pantalla se transformó en plaza.
Conductas, máscaras y quadrobics
El fenómeno therian se expresa mediante prácticas físicas conocidas como “quadrobics”, que consisten en correr, saltar o desplazarse utilizando las cuatro extremidades. Además, quienes participan suelen portar máscaras, colas y accesorios que representan su “teriotipo”, es decir, el animal con el cual se identifican.
Los animales más frecuentes son lobos, perros, zorros y felinos. Sin embargo, existen variantes más inusuales, incluidos animales acuáticos o incluso primates.
Es fundamental distinguir este movimiento del furry fandom. Mientras el mundo furry gira en torno a personajes antropomórficos y disfraces integrales vinculados al entretenimiento, los therians insisten en que su vivencia no es una performance ni cosplay. La diferencia es clara: para los furries, se interpreta un personaje; para los therians, el animal forma parte de la identidad personal.
De la curiosidad al conflicto: episodios polémicos
La expansión del fenómeno therian también trajo controversias. En Argentina se reportó un caso donde una menor fue rodeada por un grupo de jóvenes que comenzaron a olfatearla y posteriormente le mordieron el tobillo. La madre relató que su hija pensó que era una broma hasta que fue agredida.
Además, se registraron otros episodios que encendieron alertas, como interacciones riesgosas con perros reales o consultas insólitas a veterinarios. Estos hechos marcaron un punto de inflexión. Lo que parecía una expresión excéntrica se transformó en un debate sobre límites, convivencia y seguridad.
En paralelo, las redes sociales amplificaron tanto la defensa como la burla. Memes, comentarios irónicos y críticas se multiplicaron. Así, el fenómeno therian quedó atrapado entre la reivindicación identitaria y la ridiculización pública.
Chile y la dimensión regional
Aunque el foco mediático se concentró en Argentina y Uruguay, usuarios en redes sociales reportaron avistamientos de jóvenes identificados con esta subcultura en ciudades chilenas como Rancagua, Concepción e Iquique. Esto sugiere que el fenómeno therian ya cruzó fronteras.
La viralización demuestra cómo las culturas digitales pueden transformar vivencias privadas en movimientos visibles. Antes, estas identidades permanecían en foros especializados; hoy, un algoritmo puede convertirlas en tendencia global en cuestión de horas.
En definitiva, el fenómeno therian no puede analizarse únicamente como extravagancia ni como amenaza automática. Es, ante todo, un espejo del tiempo actual: jóvenes que construyen identidad en entornos híbridos, donde lo digital y lo presencial se entrelazan constantemente.
La pregunta ya no es si existe o no. La discusión ahora gira en torno a cómo convivir con nuevas expresiones identitarias sin caer en la burla ni en la alarma injustificada, pero tampoco ignorando situaciones que puedan implicar riesgo.
Porque entre el aullido simbólico y la mordida real hay una frontera clara. Y esa frontera, hoy más que nunca, necesita diálogo informado.








